En el corazón de Mestia se alza la estatua de bronce de cuatro metros de altura dedicada a la reina Tamar, la legendaria monarca de Georgia. Develada en diciembre de 2011, esta imponente representación se convirtió rápidamente en tema de conversación entre locales y visitantes.
Aunque la estatua añadió un carácter único a Mestia, recibió reacciones encontradas. Muchos la consideraron una representación irrespetuosa de la reina Tamar, figura casi sagrada en la historia georgiana. Algunos objetaron la peculiar imagen de la montura de la reina, que a ojos de varios parecía más una vaca embarazada que un caballo. También se sostuvo que la forma distorsionada simbolizaba las cargas del poder sobre una joven monarca, obligada a gobernar en lugar de vivir en libertad.
No obstante, es innegable la importancia del reinado de Tamar. Fue la primera gobernante femenina de Georgia, a menudo referida como “rey” por su capacidad de liderazgo. Su mandato en los siglos XII y XIII se considera una época dorada para el país, marcada por la expansión territorial, reformas clave, la creación de un parlamento medieval y numerosas victorias bélicas. Su influencia en la economía y la cultura fue profunda.
A pesar de la polémica, la estatua se ha convertido en parte integral de la identidad de Mestia, al igual que el aeropuerto que lleva el nombre de Tamar. Puede que no agrade a todos, pero la estatua de la reina Tamar sin duda contribuye al encanto singular de Mestia y sigue despertando la curiosidad de quienes la visitan.
